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Los escombros

es el blog de Diego Suarez: los límites desdibujados entre lo público y lo privado

Gorro, bandera y vincha

Carlitos se entusiasma cuando lo llaman así, Carlitos, a secas. Un poco porque ahora el Carlitos más famoso pasó a ser Tevez en desmedro de Gardel (o del riojano casi tres veces presidente); y otro poco por lo afectuoso que suena, como si fuese amigo de todo el barrio. Carlitos vendía mentitas en el semáforo de Santa Fe y Juan B. Justo hasta que se cansó de sacar menos de 15 pesos por día y decidió hibernar por un tiempo en su Sordeaux natal. "Sordeu", responde cuando le preguntan por su barrio, jamás un "Sordó" que delataría un desconocimiento total de la jerga del conurbano.
Un día raramente caluroso de mayo se avivó, mientras comía garrapiñada en la estación de Pablo Nogués: se acercaba el 25, y el flaco que antes ofrecía cuatro turrones por un peso, ahora ni tenía tiempo para conversar, de tantas banderas argentinas que vendía. Se tomó el primer tren a Retiro, se bajó en Munro, y volvió a Sordeaux con dos bolsas repletas de banderas, camisetas truchas y gorritos de arlequín. Hace un rato pasé por Cabildo y Juramento, y ahí estaba el estoico Carlitos: con su manta tirada en la vereda de Garbarino, justo debajo del plasma más caro de la vidriera. Hoy jugaron Italia y Francia, pero su real intención es cuidar el lugar hasta el viernes, cuando Argentina y Alemania convocarán a la mayor cantidad de peatones y probables clientes. Que juegue el otro Carlitos y le haga un regalo a su tocayo es lo que nos desespera a todos.