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Los escombros

es el blog de Diego Suarez: los límites desdibujados entre lo público y lo privado

Monedas

viernes, abril 28, 2006

Entre las cosas que ya no puedo soportar más, rankea muy alto tener que conseguir cambio. Forma parte de una serie de tribulaciones que podemos denominar "recordatorios de pobreza": de clase media-alta para arriba, a nadie se le ocurriría calcular con qué billete comprar en el chino así me dan tantas monedas y entonces tengo para viajar mañana y ¿tiene 25 centavos?, no, nada, ¿te puedo dar caramelitos?, preferiría que me des el vuelto, entonces esperate que le cambio al verdulero, a ver, ahí está, muchas gracias. A nadie que disponga de un vehículo particular o de dinero suficiente para entregarse a las veleidades del taxi, se le podría ocurrir. Sólo los miserables como yo aprietan con fuerza, dentro del bolsillo derecho del pantalón, los insignificantes centavos requeridos por la empleada del Altiplano para que no tintineen ni delaten mi mentira.
El aspecto más negativo reside en que se trata de una batalla reiterativa, cotidiana, cíclica. Sin ir más lejos, hoy me vi obligado a adquirir un budín Don Satur porque su precio de un peso con veinticinco guitas implicaba la obtención de unos vitales 1, 75 en metálico más un billete de $2 en concepto de vuelto, pagando con $5. Importantísimas monedas para arrojar dentro de la máquina expendedora de boletos y así disfrutar de un reconfortante viaje en colectivo hasta Barrancas de Belgrano. Juro que intenté, colgado del pasamanos y estacionado en segunda fila del pasillo atestado de desgraciados, no pensar en la pobreza.

Nuestro escudo

jueves, abril 27, 2006
Esto ocurrió
en aquel gran año,
cuando el pueblo
se alzó y triunfó.

Llegaron jefes de Estado
a conferenciar
a un Kremlin
sin calefaccionar.

Conferenciaron con un herrero,
una segadora,
una tejedora,
y un bracero.

Hizo guardia
un bravo mocetón,
de pie y con rifle,
en su puesto: un león.

Resolveron:
En la tierra se está
y nuestro suelo,
égida será.

Que en el blasón,
cual cielo, brille el sol
y arda siempre bella
una estrella.

Que cada enviado,
para terminar,
acceda con agrado,
a sus bienes mostrar.

* * *

Tomó del taller,
muy sencillo,
su "oro" el herrero:
el gran martillo.

Pesado, su haz
de espigas y una flor,
nos trajo el peón
rural, trabajador.

Y una hoz
envuelta con cuidado,
la aldeana trajo,
con agrado.

La tejedora,
ufana y lozana,
trajo una pieza
de tela grana.

Y el martillo aquel,
que al forjador sirvió,
con la gran hoz
el Soviet concertó.

En la grana
de enseña nacional,
ciñose el haz
venido del trigal.

Y el lema -bien
Ilich lo sugirió-
en oro sobre grana
se escribió.

Halló el guardia
- no pudo más callar-:
"deseo mi arma
al escudo dar".

- Jamás la sueltes
-mandó el popular
gran adalid-
si nos quieres cuidar.

Desde el día aquel,
en guardia de honor
custodia el soldado
el blasón, con fervor.

1948

(Yaroslav Smeliakov, Lenin en la literatura soviética, Ed. Ráduga, Moscú, 1985. Traducción: Juan M. Julio.)

Parque Centenario

martes, abril 25, 2006
Un mecánico camina por la calle (más bien pasaje) Panamá mientras silba la melodía de su ringtone. Asumiendo el riesgo de equivocarme, me parece que se trata del "1812 Overture" que viene en casi todos los Motorola. Los dos enfilamos hacia el parque, vamos a la par, y sospecho algo: está esperando un llamado y por lo tanto acude a Tchaikovski, como si fuese un rito, para que suene de una vez ese celular y la estridencia del ringtone se pliegue, sincronizadamente, a la pesadez de su silbido premonitorio. Pero no. Dobla en Río de Janeiro y me deja sin un final para esta historia.
Todos los días dejo a Alina en el jardín para luego tomarme, en las adyadencias del parque, el 65, o en su defecto, el 15. A veces me sobran unos minutos para sentarme en algún banco mugroso. Si no me acosan los perros (advierto: Parque Centenario está, casi oficialmente, tomado por esta especie superior, ante la mirada laissez faire de los paseadores a los que les chupa un huevo si cagan, mean o se tiran encima de un circunstancial estúpido como yo), si al empleado tercerizado de limpieza no se le ocurre utilizar su pinchapapeles a escasos centímetros de mis pies, si los mosquitos deciden no abandonar su hábitat natural que es la fuente central, si los homeless no dejan recuerdos olfativos de sus estadías nocturnas, entonces sí, ahí puedo leer algunas páginas de algún libro. Luego el colectivo, la jornada laboral, y la desdicha cotidiana.

Sueño

viernes, abril 21, 2006
Soñé con la redacción de mails a personas que desconozco. Con un curriculum que llegó a destiempo y me abría las puertas de un mercado laboral que ya no me sirve. Tardaba en llenar el campo "asunto" de los mails. Me desperté y sentí que no había descansado absolutamente nada.

"This is science fiction!"

jueves, abril 20, 2006
Por haber nacido en un país latinoamericano, me cuesta escuchar a los relatores de fútbol foráneos. Los brasileños gritan "eeeeeeehhhh" cuando alguien convierte un gol, pero los europeos y anglosajones apenas si levantan el tono, uno termina creyendo que la pelota no entró en el arco. Empero, este relato en inglés de sendos tantos del Kun Agüero me conmovieron más que cualquier goooool vernáculo con la o bien estirada.

El querubín que engendró Morrissey

miércoles, abril 19, 2006

"The youngest was the most loved" se convirtió en el hit del mes. Intento despedir ese estribillo de mi cabeza desde que el compact en cuestión llegó a mis manos (y a mis oídos, más bien). Nadie puede creer que me lo regaló mi suegra. Si lee este blog, gracias otra vez.

Flog kirchnerista

sábado, abril 15, 2006
Estoy tentadísimo de efectuar un análisis socio-político foto por foto, párrafo por párrafo, comment por comment, del fotolog de Florencia Kirchner. Del verdadero, no del falso (puesto en la web para confundir a todos los ciudadanos, la dirección es muy parecida). Lamentablemente, por ahora no tengo tiempo. Pero los invito a hacerlo.

Crédito

jueves, abril 13, 2006
El Banco Hipotecario Nacional envió -a mi antigua dirección- un sobre tamaño oficio con una carpeta llena de folletos, un contrato y una tarjeta de crédito con mi nombre completo impreso en relieve. Con sólo una firma y un llamado, podía habilitar mi nueva tarjeta al instante y realizar cualquier compra en cualquier comercio. El único inconveniente: jamás insinué apenas querer obtener los favores crediticios de esta entidad bancaria tan generosa. En algunas cosas conviene seguir a Marx y su evangelio de bolsillo, El 18 brumario: "Regalar y recibir prestado: a eso se limita la ciencia financiera del lumpenproletariado, lo mismo del distinguido del vulgar". Claro que mi voluntad mucho no importa. Mucho menos la manipulación de datos por la cual acceden a mi prontuario (dirección, nivel socio-económico, edad, etcétera). Y por más que haya destrozado, en el acto, el plástico obsequiado, la regla máxima de la economía alla americana continuará expandiéndose por todo el orbe: me endeudo, luego existo. Por ahora paso.

Devaluación

martes, abril 11, 2006
El descubrimiento es el grado cero de la propiedad privada. Por lo tanto, el nacimiento de ideas propias conforma una serie de bienes intelectuales equiparables a la posesión de una casa, un auto o un par de zapatillas, por lo menos. Leyendo el blog Monolingua, me impresionó enterarme en este post (a través de un comentario de su autor) que en el diario del oficialismo pagan $ 70 por reseña. Por otro lado, me llegó la información de que en Perfil la reseña la abonan $150... Entiendo que publicar en estos periódicos otorga un supuesto prestigio y abre puertas y etcétera, pero ¿tan poco?. Tal vez esto explique la carencia de originalidad que se evidencia columna tras columna y renglón tras renglón, uno más predecible que el otro. ¿Para qué descubrir, pensar, innovar? Las ideas no se matan sino que, más bien, le salen demasiado baratas a los grandes medios.

Chuchos de hidrobronz

jueves, abril 06, 2006
Un escalofrío me atraviesa de pies a cabeza para señalar el arribo de una nueva enfermedad. Vuelvo a creer que la somatización existe: un día donde me anuncian que debo abonar la suma de $ 600 cuando hay sólo 2 (dos) pesos en mi billetera tenía que terminar así, con mi cuerpo temblando de fiebre, gripe y todo el pack. El paracetamol ingerido ríe a carcajadas entre las paredes estomacales. El plomero (hombre de confianza de mi vecino, por lo tanto, un estafador que se aprovecha de los pelotudos que no saben absolutamente nada de arreglos caseros) también se está riendo en este momento, seguro. Una historia característica, timbrazos desesperados de "Gustavo", que le llueve el techo del baño, que ya mismo venga un plomero, y mi silencio regado con alguna que otra evasiva como toda respuesta. A través del teléfono me voy enterando desde la mañana, lejos del hogar, la sucesión de los hechos. En el momento en que tomo conciencia de la carga negativa que sobrellevo últimamente (una semana de vómitos y diarrea de Alina, mi esposa que pierde su empleo, el mes de Independiente sin conocer la victoria, los presupuestos de un plomero), en ese instante exacto, me derrumbo sobre el escritorio de la oficina. Que me devoren las bacterias de este virus.

Oh resplandor

miércoles, abril 05, 2006
en ciernes
la tierra
encierra
mis sentidos
e incinera el aire
el vapor expandido
pero tocar la tierra
esfera
no consigo
y
no persigo
no permito
ninguna bondad

no conocí a
nadie
que se llevara bien
conmigo
ni siquiera ahora
yo lo hago
conmigo
pero desperté
para desvanecer
en otro sueño:
no figuran los consuelos,
eliminan al mundo real

una voz azul
me arrasó
en olas
y ahora, ahora

llevo el resplandor
en mis manos
y el vacío
en
mi
pasado.

Log in

lunes, abril 03, 2006
Así como Martín Palermo es un "optimista del gol" según Carlos Bianchi (su autoestima se encuentra a tan altos niveles que ni siquiera llega a percatarse de lo mal que juega, ergo, la emboca en el arco contrario con relativa facilidad), mi oficio requiere un indispensable "optimismo del loggeo", por llamarlo de una manera. Ante entrevistas insípidas, situaciones que no funcionaron según lo previsto, jornadas de grabación donde el conductor no se predispuso a ser televisivo y bostezaba ante cada intervención de la persona reporteada, en fin, frente a todos estos obstáculos y desprolijidades observados en cada tape, el objetivo a cumplir consiste en hilvanar una historia dotada de un mediano sentido. No hay mayor optimismo que éste: el de creer que en la televisión puede haber contenidos.